La máxima autoridad en Reino Unido no teme al mercado negro

El Reino Unido está quemando las últimas etapas del proceso burocrático que pondrá en vigor la nueva Ley del Juego en las islas en enero de 2015.

El punto clave de la Ley es el establecimiento de la identificación del punto de consumo como base para fiscalizar el juego online. Si el jugador es residente británico, el operador que le tiene por cliente debe pagar los impuestos correspondientes en Reino Unido.

Esta novedad ha puesto en pie de guerra a muchas empresas que en su día abandonaron el Reino Unido para establecerse en paraísos fiscales. Las que más vocales se están mostrando en contra de la medida son las representadas por el Comisionado para el Juego de Gibraltar, Phill Brear.

El Reino Unido va a unificar a la parte cooperativa y que cumple las normas del mercado del juego remoto, mientras que le da rienda suelta para atraer a los clientes británicos con mejores ofertas a los que no cooperan y no cumplen las leyes.

Básicamente, ese el el problema que que ahora mismo carcome los mercados italiano francés y español, que sufren la huida de un porcentaje de los ingresos del sector hacia el mercado negro que en nuestro país alcanza el 41%.

Ante esta profecía apocalíptica, la máxima responsable de la Comisión del Juego del Reino Unido Jenny Williams ha hecho unas declaraciones recogidas por eGamingReview (solo para suscriptores), en las que disipa las amenazas al sector del juego online y de paso identifica el problema de los mercados del Sur.

El mercado del Reino Unido no sufrirá los mismo problemas de mercado negro que se encontraron en España o Italia después de la regulación.

Esos mercados tienen una oferta muy diferente con un catálogo mucho más restringido de productos.

Tienen, con mucha claridad en el caso francés, una fiscalidad muy elevada. En el Reino Unido, con su mercado tan abierto, se parecerá más al caso danés, en el que hay una gran confianza en que el mercado negro es mucho menor.

La analogía deja entrever a la perfección la receta que ha escogido el Reino Unido para evitar caer en la misma trampa que Italia, Francia y España: una fiscalidad razonable y liquidez compartida para que la oferta regulada satisfaga plenamente la necesidad de sus jugadores.

Nada que no se haya repetido por aquí hasta la náusea desde una variada representación de empresas y organizaciones.

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